Un día, fue acusada de brujería y llevada ante los tribunales de la Inquisición. La condenaron injustamente a muerte, y la encerraron en una celda para esperar su ejecución.
Antes de ser ejecutada, pidió como último deseo un trozo de
carbón y un pedazo de madera. Con el carbón, dibujó un barco en la pared de
su celda. Luego, recitó palabras mágicas y, según la leyenda, el barco cobró
vida y ella subió a bordo y desapareció en el aire, escapando de la
prisión.
Cuando los guardias entraron a la celda al día siguiente, solo encontraron el dibujo del barco y ningún rastro de ella.
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